El espíritu de la pintura de Cai Guo-Quiang en el Prado

El arte contemporáneo vuelve al Prado con la exposición El espíritu de la pintura de Cai Guo-Qiang, quien inspirado por el espíritu de los grandes maestros del Museo del Prado, ha llevado a cabo una residencia artística, con la culminación de El espíritu de la pintura, la más espectacular y ambiciosa de las cerca de treinta obras que forman la exposición que acaba de abrir sus puertas al público.

El artista chino Cai Guo-Qiang convertirá durante unas semanas el Salón de Reinos en su estudio para producir allí un grupo de obras inspiradas en la memoria histórica y en un diálogo con los maestros antiguos de la pintura. Es el primer artista que realiza piezas in situ para el Museo del Prado.

Cai Guo-Qiang no es el primer artista contemporáneo que expone en las salas del museo, pero sí es el primero en presentar El espíritu de la pintura de Cai Guo-Quiang, obras creadas específicamente para la ocasión y realizadas in situ.

La trayectoria del autor, una de las más sobresalientes de la últimas décadas, está marcada por la innovación y por su admiración hacia la figura del Greco. Cai Guo-Qiang se planteó una idea, que quería plasmar en su pintura, lo mismo que ya hicieron otros pintores presentes en el Prado a los que ahora quiere rendir tributo, recordándonoslo y revitalizando la colección.

Para poder completar su proyecto, el artista ha dispuesto del Salón de Reinos para completar ocho de las veintisiete obras en la exposición. Allí, ha buscado la complicidad espiritual de los grandes maestros, ayudado en todo momento por profesionales del museo. Lo ha hecho en Día y noche sobre Toledo, en El Salón de Reinos… y, de manera especial, en El espíritu de la pintura.

A lo largo de los 18 metros de largo y 3 de ancho de esta monumental pieza encontramos guiños que van desde los colores empleados: el rojo para Tiziano, el azul y el púrpura para el Greco, los verdes y amarillos en Rubens o el negro y el rojo en recuerdo a Goya; a elementos muy concretos como las monedas de Tiziano que caen lentamente, recordando la presencia de fuegos artificiales al igual que el rayo que ilumina el cielo del Greco.

Para el espíritu de la pintura Cai Guo-Qiang confiesa que es con Velázquez con quien ha tenido más dificultades a la hora de trabajar y reconoce la humildad con la que recrea esa menina o el espejo en el que vemos reflejado a Velázquez, que se convierte también en espectador del trabajo del artista chino. La energía fluye en la sensualidad carnal dedicada a Rubens y no sin cierto humor representa a Goya a través de su maja, impresa en un flyer llevado por una avioneta de publicidad, anunciándonos ya la celebración del bicentenario del Museo.

El artista se muestra apasionado cuando relata cómo en ocasiones no ocurren las cosas tal y como él las había previsto. En este caso, por ejemplo, él esperaba que con la explosión se crease mucho humo, efecto que consideraba importante para generar una atmósfera capaz de recordarnos una mezcla de épocas, pero el clima seco de Madrid provoca explosiones muy rápidas y sin apenas humo, así que se vio obligado a buscar nuevas técnicas para lograr que el espíritu de los grandes maestros entrara en el cuadro.

A veces es necesaria más de una explosión, o puede suceder también que el artista tenga que añadir más color a la pólvora, para lograr una mayor espiritualidad en el resultado, pero reconoce que si controlase cien por cien el proceso, ni la técnica ni el desenlace le parecerían tan encantadores.

También es frecuente escuchar al artista hablar del espacio físico y del espacio temporal, algo que ha tratado de explicarnos en la obra El Salón de Reinos… Al contemplarla, distinguimos claramente dos espacios diferenciados, el físico del salón, a la derecha, en el que se distinguen las ventanas, las paredes donde un día colgaban las obras de Velázquez y una parte del techo, mientras que a la izquierda encontramos la atmósfera, el espacio temporal que se difumina. Y entre ambos queda el lugar por donde transitamos de uno a otro. Esto que podemos entender muy claramente cuando él lo explica, no resultó sin embargo tan evidente para el autor tras la ignición. La pólvora no actuó como él esperaba y esa confluencia de espacios necesitaba ser mostrada de una manera más contundente, por lo que decidió añadirle la mancha negra que atraviesa el centro de la obra, con la que acentúa esa idea de puente entre espacios y épocas.

Para la exposición ha realizado también algunas obras de carácter más personal, motivado por recientes fallecimientos en su familia, incluidos los de su padre y su suegro, como Las nubes distantes, conscientemente colocada para mirar hacia El espíritu de la pintura, con el deseo de que sus seres queridos sean testigos de lo que ha realizado. También están dedicadas a ellos La ceremonia negra y Azul.

Museo del Prado, 25 oct-4 mar. Paseo del Prado, s/n. Metro Banco de España y Atocha. Entrada 15€. Mar-sab, 10-20h. Dom y fes 10-19h.

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